Ojos Bien cerrados
OPINIÓN Ojos bien cerrados
JAVIER NÚÑEZ
Departamento de Economía, U. de Chile
Hace algún tiempo, un connotado político se vio obligado a responder en vivo cuál era el precio de algunos bienes de primera necesidad. Visiblemente incómodo, sólo atinó a aventurar cifras para algunos de ellos. Al saber que erraba en varias veces los precios reales, optó por evadir el resto y controlar el daño ante las cámaras. Esta anécdota, celebrada por los medios, sugiere una imagen de nuestras élites viviendo en un mundo propio (de "Bilz y Pap"), desvinculado del Chile de las mayorías. Según un reciente estudio que he dirigido en la Universidad de Chile, este retrato de las élites posee un amplio respaldo empírico. El estudio establece que la mayor parte de quienes pertenecen al grupo más rico del país manifiestan ser de la "clase media". Más aún, este grupo sobreestima hasta en cuatro veces el verdadero ingreso de un hogar chileno de estrato medio: mientras la encuesta Casen indica que la mitad de los hogares de Chile vive con menos de $400.000 al mes, el 1 % más rico (y educado) del país cree, en promedio, que un hogar situado al centro de la distribución del ingreso percibe un ingreso mensual de $ 1 millón 700 mil. Así, la mayor parte de nuestra élite erróneamente denomina "estrato o clase media" a hogares que pertenecen al 10 % más rico del país. No resulta totalmente exagerado afirmar que los grupos de mayores ingresos y educación imaginan un Chile más cercano a un país desarrollado que al país en desarrollo que objetivamente somos, con todas nuestras profundas desigualdades y carencias sociales. Este imaginario errado es además transversal a distintos grupos de la élite, siendo similar entre quienes se desempeñan en el ámbito privado, empresarial, académico y público.Las consecuencias de este fenómeno son debatibles, y sólo aventuro algunas posibilidades. Primero, y considerando el rol que juegan las élites en los procesos sociales, las creencias erradas que éstas poseen levantan serias dudas respecto de su real capacidad para dimensionar, mas allá del discurso, la magnitud de la pobreza y la desigualdad, y otorgarles la prioridad que se merecen en la agenda pública. Segundo, existe el riesgo de estar en un mundo al revés, que distorsiona el foco de las políticas públicas: si los estratos altos se perciben (erróneamente) como sectores medios, se sienten legítimos beneficiarios del Estado, en circunstancias de que, por el contrario, es este grupo el que, bajo un sistema tributario progresivo, debe contribuir a financiar las políticas públicas destinadas a los sectores más desaventajados. Es extensa la lista de ejemplos de políticas públicas regresivas y mal focalizadas que han buscado beneficiar a la "clase media", pero han beneficiado a sectores relativamente aventajados de la sociedad, en desmedro de las grandes mayorías del país. Finalmente, es también una consecuencia posible que a menudo nuestras políticas públicas sean debatidas y diseñadas por las élites desde una "torre de marfil"a partir de premisas y preconcepciones distorsionadas, y sin una adecuada sintonía con el Chile mayoritario.Los posibles orígenes del sesgo de los estratos altos son múltiples. Una causa puede ser nuestra conocida segregación social, que hace que las élites se relacionen entre sí, y sin mayor vinculación con el resto de la sociedad. Otra causa puede ser la forma en que se informan nuestras élites. Esto abre la pregunta de cuánto del sesgo corresponde a una miopía de las élites al informarse, y cuánto es atribuible a los contenidos en los medios de comunicación. Como sea, y considerando que la segregación social es hasta cierto punto inevitable, el desafío radica en cómo hacer para que las élites abran los ojos, asuman su condición privilegiada y sintonicen con el Chile de las grandes mayorías.


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