AQUILEO

Saturday, October 29, 2005

Mi libertad termina cuando empieza mi blog

EXTRAIDO DE LA NACION del 28-10-05
CENSURA A ESPACIOS VIRTUALES DE PERIODISTAS ATENTAN CONTRA EL DERECHO DE EXPRESIÓN


Mi libertad termina cuando empieza mi blog

Aunque es un sitio personal, esta semana ha quedado demostrado que la opción de emitir opiniones en Internet es relativa. Sobre todo entre periodistas que cuentan con información y que no pueden entregarla ni en su medio ni en sus crónicas personales en la web. Un debate que comienza en .com.

José Miguel Jaque/Alejandra Carmona

Que la Agencia UPI no pagará más los turnos de fin de semana. Que Ricardo Claro se querelló contra “El Mostrador”. Que dejaron morir a Radio Chilena. Y que trabajadores del diario “La Cuarta” tuvieron que cerrar su espacio virtual por presiones, son algunas de las noticias que se encuentran en www.prensanegra.blogspot.com, un sitio que con la premisa: “Desde las sombras, diremos todo lo que pasa en las fábricas de noticias”, ha reunido diversos temas sobre lo que verdaderamente ocurre tras las informaciones. Eso sí. Sin nombre ni apellido.

Esto podría sonar casi como un atentado a la profesión. Una falta a las buenas y objetivas costumbres del periodismo. Pero definitivamente para quienes crearon el espacio es casi un salvavidas. Ocultar la identidad no es un capricho ni un mal juego de espionaje, aunque sea en un blog. Hay periodistas que han cerrado sus sitios personales para que su empleador no tome a mal sus opiniones. Eso, en el mejor de los casos. Esta semana, uno de ellos incluso perdió el trabajo.

Entre los “rostros” que se dedicaban a decir lo que piensan a través de su blog estaba Mauricio Hofmann, conductor del noticiario central de Canal 13... Todo un orador a través de Internet y cuyas apreciaciones post debate presidencial fueron leídas por algunos de sus pares. Sin embargo ¡Sorpresa! Por más que pinchamos y pinchamos www.mauriciohofmann.blogspot.com no aparece nada. Not found. Su esposa Ximena Torres Cautivo señaló en una entrevista con Radio Cooperativa que Hofmann tuvo que bajar su blog hace seis días. “Lo cerró, está de duelo, anda pateando la perra y amargado”, confesó. Nunca dijo que recibió presiones deCanal 13, pero sí quedó claro que sus opiniones podían generar roces por su calidad de rostro.

Y fue el propio Hofmann, “bloggeando” en otro sitio, quien aclaró el hecho: “Yo sí quiero desmentir que Ximena Torres Cautivo haya dicho lo que publicó durante unas horas el sitio web de Cooperativa: que yo haya cerrado mi blog por petición de Canal 13. Ella no dijo eso. Sí dijo que yo, en una actitud de prudencia mía y personal, consideré que podía haber una fricción entre mi función como conductor de Teletrece, y mi blog como sitio de exposición de ideas personales. Nunca habló de ninguna acción del canal sobre este tema. Si alguien tiene la duda, que se dé la lata de escuchar la grabación, disponible en el sitio web de Cooperativa, que no se condice con ese título. Parece que algunos somos “quemados” con la forma en que somos citados por escrito... y ya no sólo “en papel”. (...) Fuera de esta aclaración, el tema me parece un desafío no abordado por los medios”.

Este caso se suma al de otro periodista especializado en salud que ha cubierto el sector por más de diez años. Esta semana fue despedido porque en su blog relataba el lobby de empresas ligadas a la producción de cigarrillos y las presiones que recibieron tanto él como sus jefes para suavizar, o de frentón bajar temas en plena discusión sobre la Ley de Tabaco. Sus empleadores no coincidieron con la libertad que él pensó tenía en su blog y el resultado de susopiniones le fueron enrostradas con un sobre azul.

Coleguita.com

El tema promete generar un inagotable debate. No sólo por los casos que están en la coyuntura. Es interesante preguntarse si el contrato de trabajo compra también los espacios libres y las opiniones.

Aunque el sitio www.fernandopaulsen.blogspot.com existe, el periodista de Chilevisión asegura que el espacio no le pertenece. No tiene idea quién lo creó y por lo demás, asegura que no necesita tener uno para decir lo que piensa. “Jamás en mi vida he desdoblado mi condición de periodista y ser humano para decir lo que quiero”, dice.

Sobre la utilización del blog como vía de escape para que los periodistas digan lo que no pueden en sus lugares de trabajo, Paulsen explica que “si el blog funciona como alternativa a lo que no te deja decir el medio que te paga sobre los temas que tratas durante el día, ¡pucha, qué triste! La lógica indica que tú debieras poder hacer tu trabajo en todos los medios. Puede que pase -y no soy quien para juzgarlo- pero si no puedes ejercer con plena libertad donde trabajas, ¿para qué trabajas ahí?”.

El actual Premio Nacional de Periodismo, Juan Pablo Cárdenas, también vierte sus crónicas en un blog. Aunque asegura que los periodistas debieran tener la libertad de decir lo que piensan en sus propios medios, cree que el “blog es una válvula de escape cuando ello no es posible”. Por eso, es tajante: “Me parece inmoral que un periodista pueda ser sancionado porque expresa su opinión en un medio que no es el de su trabajo”.

Hay blogs que ya han generado polémica como el del periodista José Miguel Villouta o el del propio Hofmann. Pero hay quienes aseguran que con tan poco empleo circulando para los profesionales, es mejor evitar el conflicto. Así, hay algunas crónicas personales que abandonaron la web. “El Periodista” recogió hace un tiempo una frase de la conductora de Canal 13 Carolina Urrejola: “El 74 por ciento de los jóvenes entre 15 y 19 años no usa condón. En qué planeta viven!! (sic) En uno en que en las teleseries nocturnas nadie hace amago de sacar un condón cuando va a tirar, cosa que el común de los mortales tiene más o menos internalizada. Los estudios dicen que los jóvenes entienden y conocen perfectamente los métodos de prevención. Pero que ya no quieren que les hablen más del aparato reproductor y que las conversaciones en el colegio se centren en los afectos, en las relaciones, en el corazón partío que los adolescentes viven en sus relaciones día a día”.

Tratamos de localizar nuevamente estas frases. Pero no encontramos ni la cita ni su blog.

Saturday, October 15, 2005

Matthei arremete contra Lamarca por sus críticas al modelo económico

En la misma línea, el investigador de Libertad y Desarrollo Rodrigo Castro calificó como "dañinas" las palabras del ex hombre fuerte del Angelini, quien dijo que era urgente hacer reformas y corregir el modelo.


las duras criticas que el ex hombre fuerte del grupo Angelini, Felipe Lamarca, propinó al modelo económico de mercado y a las elites políticas y económicas del país, no dejó indiferente a la oposición.

Mientras los candidatos presidenciales del sector, Sebastián Piñera (RN) y Joaquín Lavín (UDI), respaldaron que el también ex timonel de la Sofofa dijera que hay que modificar el sistema de mercado, "que sólo tiene de mercado el nombre", la senadora UDI Evelyn Matthei y el director del programa social del Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), Rodrigo Castro, reaccionaron airados ante la acusación de Lamarca sobre una "cierta complicidad entre las elites políticas y económicas" que no habría permitido hacer reformas de peso que privilegien una mejor distribución del ingreso y una mayor competencia en el mercado.

"¿Al hablar de un supuesto pacto entre políticos y grandes empresas Lamarca está queriendo decir que los parlamentarios estamos vendidos para proteger al poder económico?", se preguntó Matthei, quien calificó de "inaceptables" las culpas que el ex líder gremial les arroja a las cúpulas por la distribución de la riqueza. "No hay problemas con el modelo (económico), el problema es la aplicación del modelo, pero a la elite económica esto no le compete, la culpa es de las autoridades (de gobierno)", agregó la senadora UDI.

Castro también llamó a Lamarca a no comenzar a discutir que hay que modificar el modelo económico "simplemente y en general". "Es muy dañino decir eso sin hacer salvedades y precisiones. El país ha crecido para todos, no sólo para la elite, la elite no es autocomplaciente, no nos autoflagelemos así, porque es muy dañino", señaló el asesor de LyD, y negó de paso que exista alguna complicidad entre las dirigencias políticas y económicas del país.

Para Evelyn Matthei las palabras de Felipe Lamarca tendrían otro defecto. "Me llama la atención que no haya dicho todo esto cuando estaba en la Sofofa o en Copec, ahora es muy fácil decirlo", disparó la senadora.

Castro también abordó el momento que el ex líder de Empresas Copec eligió para hacer las críticas: "Estos dichos vienen ahora por la libertad que a Lamarca le da la independencia respecto a un gremio. Es un actor político, él está buscando un rol y una posición para discutir ideas", dijo el economista del centro de estudios ligado a la oposición.

Las frases proferidas por Lamarca -el domingo pasado en La Tercera- que más irritaron a la economista UDI fueron que "Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta" y que "la Alianza no ha sido capaz de plantear alternativas razonables ni imaginativas para que el mercado opere de verdad".

Matthei recordó que desde hace años su partido viene criticando que "se ha ido produciendo una concentración del poder económico que no es buena, como por ejemplo en el negocio de las AFP y en las aerolíneas".

Sin embargo, explicó la senadora, "no podemos pedir que no se fusionen los bancos, que compiten con gigantes en el extranjero, ya que si no bajan los costos mueren y se pierden todos los empleos, no sólo algunos".

Editorial de la 3ra 151005

Modelo económico: un debate mal enfocado

No se está ante un problema de los principios de la economía, sino ante uno de naturaleza social cuyas vías más efectivas de solución están dentro de las reglas de ese modelo.


No es raro que en consignas y enunciados que se levantan durante los períodos electorales ciertos asuntos que se ponen sobre la mesa se simplifiquen en exceso. Eso es lo que ocurre ahora con el modelo económico vigente en Chile y los múltiples llamados, la mayoría de las veces con sentido de urgencia, a corregirlo.

Prácticamente sin distinciones, los portavoces de esas proclamas, que están en todos los sectores políticos, advierten de los riesgos que implica para el país la perpetuación de las actuales iniquidades en el ámbito social, sobre todo las brechas en la distribución de los ingresos, que no se condicen -destacan- con el crecimiento general de la economía. También cuestionan otros rasgos característicos de cómo opera el mercado en el país.

Chile tiene, en efecto, indicadores que dan cuenta de problemas importantes en el plano de la distribución de los ingresos y en otras áreas, como educación o salud, por nombrar sólo las más recurrentes. Nadie con un mínimo criterio de realidad puede poner en duda eso, razón por la que es de suponer que todas las candidaturas presidenciales, al menos en sus discursos, las hayan incorporado. Sobre lo que sí se puede discrepar, en cambio, es en si esas realidades, como se ha pretendido establecer, son consecuencia directa del modelo.

Desde que se empezaron a sentar sus bases a mediados de los años 70, el esquema de organización económica que opera en Chile, profundizado en los 80 y consolidado durante los últimos 15 años, ha funcionado bastante bien. Aunque eso no significa que no queden pasos claves que dar, como, por ejemplo, una apuesta mucho más firme por reformas de fondo en el plano de la microeconomía, el país disfruta hoy de una situación favorable que es reconocida en todo el mundo. Los bajos niveles de riesgo país y de deuda pública como porcentaje del PIB, la salud de las arcas públicas y las proyecciones de crecimiento y, por esa vía, las expectativas de desarrollo con perspectiva de medio plazo, entre varios otros indicadores, dan cuenta de esas condiciones generales muy positivas.

No es el modelo, entonces, lo que ha operado mal y, por tanto, no parece que corresponda achacarle a él los problemas a los que se alude para justificar los llamados a su "corrección" o, entre sectores más extremos, a su "eliminación" por su carácter "esencialmente perverso". Respecto de estos últimos, por lo demás, llama la atención que hasta ahora hayan sido incapaces de impulsar esa bandera con un respaldo masivo en las urnas, lo que -más allá de las discusiones relativas a los efectos del sistema electoral- no puede más que interpretarse como una casi total falta de apoyo en la ciudadanía a su idea del fin de las bases de la economía local.

Sobre lo anterior, entonces, huelga reconocer que de lo que se debería hablar no es de las "correcciones", sino de que Chile tiene, en resumen, un problema de desigualdad. Es decir, no es un problema de los principios de la economía, sino uno de naturaleza social cuyas vías más efectivas de solución, como demuestra la evidencia en todo el mundo, están precisamente dentro de las reglas del juego del modelo. Y, de la misma forma, aceptar que si persisten esos problemas es porque, en determinados ámbitos (vale aquí, otra vez, el ejemplo de la educación, el más emblemático por sus efectos) no se han hecho las cosas todo lo bien que se debería. ¿Pero corresponde, en definitiva, sostener que eso es responsabilidad de deficiencias sistémicas del modelo? Parece, entonces, que se trata de un debate artificial o, al menos, mal enfocado.

Vale la pena, por último, poner sobre la mesa las conclusiones de un reciente estudio a cargo del director de Instituto de Economía de la PUC, que concluyó que si se miden las diferencias en la distribución del ingreso en forma intrageneracional y no intergeneracional se constata, entre 1945 y 1978, que éstas disminuyen progresivamente como consecuencia del acceso a mayores niveles de educación. Una señal clara, entonces, de dónde hay que preocuparse de hacer verdaderas correcciones.

Adaptándose a un nuevo mundo

CIENTÍFICOS DICEN QUE CALENTAMIENTO GLOBAL YA CAMBIÓ EL PLANETAA
Adaptándose a un nuevo mundo

El tema no es cuándo sino cómo. Los científicos advierten que el cambio climático ya está en marcha, y aunque un esfuerzo mancomunado podría paliar en parte sus efectos, sus consecuencias comenzaron por lo que el desafío es por ahora adaptarse a vivir en otro planeta.

Elisabeth Rosenthal

Cuando el doctor Giancarlo Icardi, director de Salud de Génova, se enteró que su sobrino estaba con fiebre tras pasar el día en la playa, no pensó en el calentamiento global como el responsable. Sospechaba de una influenza fuera de estación.
Sin embargo, otros 128 veraneantes acudieron a los hospitales de Génova con síntomas parecidos, lo que obligó el cierre de playas en medio de una ola de calor. Aunque los enfermos se recuperaron, los científicos pronto denunciaron al culpable del malestar: un alga tóxica de agua tibia que ahora crece en el cada vez más tibio Mar Mediterráneo.
Pese a que los países europeos recortan la producción de gases invernaderos a fin de luchar contra los cambios climáticos, los científicos y los ciudadanos están descubriendo que sus efectos ya los alcanzaron. El calentamiento irreversible ya está ocurriendo, dicen, y continuará durante cien años más, aun si las emisiones contaminantes son controladas por el Protocolo de Kyoto. Los gobiernos y ciudadanos tendrán que prepararse para un clima cada vez más caluroso y tempestuoso.
“Además de mitigar el calentamiento global, deberíamos estar pensando en cómo nos vamos a adaptar”, dice Richard Klein de Instituto Potsdam de Investigación sobre el Impacto Climático, Alemania. “En los últimos años la gente se ha dado cuenta que el cambio climático es real. Adaptarse no es una opción, es algo que estamos obligado a hacer”.
Señales inequívocas
Las señales tempranas del calentamiento global son evidentes: un aumento en el número de muertes de verano debido a las olas de calor en Europa; la migración al norte de algas tóxicas y de peces tropicales al Mediterráneo; la dispersión de garrapatas portadoras de enfermedades a zonas inhóspitas de Suecia y la República Checa.
Los científicos dicen que el fenómeno podría tener un grado de responsabilidad en el número creciente de huracanes, como Katrina, además de un aumento en las inundaciones como las que anegaron partes de Europa central este verano.
El fenómeno también ha sido vinculado a los recurrentes incendios de verano en Portugal, desde que la Península Ibérica se ha tornado más calurosa y seca que en el pasado.
El papel del calentamiento global en cualquier inundación, incendio o brote de enfermedad es difícil de comprobar debido a que la variabilidad anual de la temperatura y otros factores también influyen. No obstante, el número promedio de desastres relacionados con el clima en los años noventa fue doble del de los años ochenta, según la Agencia Europea de Medio Ambiente en Copenhaguen.
Dada esta tendencia, los países y los políticos están comenzando a considerar los cambios que tendrán que implementar. Los agricultores franceses están empezando a sembrar cultivos que toleran mejor las temperaturas más altas, por ejemplo, substituyendo el maíz por la colza.
Los centros de ski austriacos que ya no pueden contar eternamente con la nieve están programando programas de hiking y campos de golf.
La ciudad italiana de Brescia está entregando a los ancianos acondicionadores de aire, una rareza en aquel país. Los planificadores del nuevo metro de Copenhaguen alzaron todas las estructuras para acomodar la subida en el nivel del mar de medio metro que se espera como consecuencia del calentamiento global en los próximos 100 años.
Sube el termómetro
La mayor parte de los modelos científicos predicen que, aun con los estándares de emisiones reducidas del Protocolo de Kyoto, las temperaturas aumentarán de 2 grado Celsius a 6 en Europa en los próximos 100 años, un poco menos que en el resto del mundo. Las personas no están preparadas para dicho evento.
“Nuestra resistencia es bastante baja ante el cambio climático”, señaló Jacqueline McGlade, directora ejecutiva de la Agencia Europea de Medio Ambiente, que ha publicado un informe titulado, “Los Impactos del Cambiante Clima Europeo” que clasifica áreas de vulnerabilidad y sugiere cómo Europa se podría adaptar.
McGlade pronostica que de no hacerse nada al respecto, las poblaciones del norte y sur de Europa, donde se espera que el efecto tenga mayor impacto, se transformarían en “refugiados climáticos”, desplazándose hacia el centro del continente.
“En los países árticos y en el sur de Europa”, señaló McGlade, “se hará cada vez más difícil sostener los patrones actuales de vida y consumo”.
La actual evidencia del calentamiento es irrefutable, y casi todos los científicos opinan que ha sido producido, o al menos tremendamente acelerado, por las emisiones asociadas con la industrialización.
La década de los noventa fue la más calurosa de nuestra historia mientras que 1998, 2002 y 2003 fueron los años más calurosos. Para el 2080, según el Centro Hadley para la Predicción e Investigación Climática, Gran Bretaña, cada verano por medio será tanto o más caluroso que el ardiente verano de 2003, cuando Europa registró 20.000 muertes debido al calor.
Los científicos ya han podido detectar evidencia dura de cambios climáticos. “Hasta hace 10 años, nos movíamos en el mundo de las predicciones y perspectivas”, dijo Roberto Bertollini, director del Centro Europeo para el Medio Ambiente y la Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Lamentablemente, en años recientes, hemos podido ver y medir los efectos concretos”.
A veces, adaptarse al cambio climático es fácil; por ejemplo, el gobierno sueco está fomentando el cultivo de nuevas especies de árboles que crecen con más facilidad en un clima un poco más cálido. En Hamburgo y Rótterdam, se están construyendo nuevos muelles capaces de acomodar el nivel del mar más alto que se espera para el futuro.
En otros casos, adaptarse sería tan costoso que es probable que las autoridades permitan que la naturaleza tome rumbo libre. A lo largo de la costa británica en Norfolk y Essex, los gobiernos locales están contemplando la posibilidad de permitir que franjas de tierra de labranza ya azotadas por inundaciones frecuentes, simplemente se hundan bajo el mar a medida que el nivel suba.
© International Herald Tribune
(The New York Times Syndicate)

Monday, October 10, 2005

Felipe Lamarca: "Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta"

LA TERCERA REPORTAJES DOMINGO 091005
Claudia Alamo

Critica a la clase política y empresarial

Felipe Lamarca: "Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta"

El ex hombre fuerte del grupo Angelini y ex presidente de la Sofofa advierte que hay que corregir urgentemente el modelo económico de mercado y democratizar la política. Acusa una complicidad entre las elites políticas y económicas para mantener todo igual y las insta a cambiar para terminar con la desigualdad y para que el mercado funcione con más competencia y menos concentración de poder.

Felipe Lamarca está en su casa y anda de ciudadano por las calles de Santiago. Hace seis meses que dejó la presidencia de Empresas Copec y afirma que rechazó las ofertas de la derecha para ir como candidato a senador, porque no le interesa la política partidaria ni parlamentaria. Dice que sí lo motivan los temas políticos, económicos y sociales del país.

En todo este tiempo fuera del mundo de los negocios, el ex presidente de la Sofofa ha elaborado una crítica frontal a la forma en que el mercado está operando y a la falta de democracia, que -a su juicio- impera en la política chilena. Tal vez lo sorprendente es que ese crudo análisis viene de un hombre que estuvo casi 20 años a la cabeza del mayor holding empresarial del país y desde muy joven -cuando era estudiante universitario- se planteó siempre a favor de la lógica de mercado. Hoy considera que lo que todos llaman "economía de mercado" no es tal, porque la competencia ha desaparecido de la mano de las grandes fusiones y de la concentración económica. Es por eso que apunta directamente sus dardos hacia las elites económicas y políticas, que, según él, están muy cómodas en el esquema actual y tienen muy bajos incentivos para corregir aquellas cosas que no funcionan bien, como la falta de competencia y la desigualdad en los ingresos y las oportunidades.

Hoy todos hablan de superar pobreza y mejorar la redistribución del ingreso. ¿Cómo observa esa discusión? ¿Será una preocupación real en la elite o sólo un tema de campaña?

No tengo duda de que existe una cierta complicidad entre las elites políticas y económicas. Ellas están de acuerdo y eso ha significado cosas buenas para el país. Hemos tenido importantes acuerdos en materias económicas y sociales y el país ha podido progresar. Pero también tiene cosas malas. La elite económica le rinde pleitesía a la elite política y, por su parte, los políticos dicen: "¡Qué buena es nuestra elite económica!", porque el país surge y estamos súper bien en la escala mundial.

¿Cuál es el lado malo de esa complicidad?

En que todos dicen que tenemos un problema social objetivo, que hay un malestar en la gente, se habla mucho, pero hacemos poco. O sea, parece ser de buen tono, es políticamente correcto hablar del tema social, pero a la hora del diagnóstico profundo, de tomar las medidas concretas, de hacer las cosas, las elites hacen poco.

¿Les falta sensibilidad para resolver los problemas sociales?

No, es más bien una complicidad que se ha dado fuerte en estos años por las condiciones históricas del país. Cuando llegó la democracia, había temores de lado y lado y es ahí donde se empieza a construir esa complicidad. No sólo para ir asentando la democracia, sino que también para ir avanzando como país. Y como eso funcionó bien y dio resultados, hoy nadie quiere cambiarlo.

¿Pero cuáles son esos temas sociales que la elite no recoge?

Pongamos las cosas en contexto. El término de la Guerra Fría, la caída del Muro de Berlín, la globalización, han llevado al mundo a otro derrotero. Gracias al avance de la ciencia, de la economía, de la política, existe una especie de cultura del respeto, de la dignidad. Y dentro de esta cultura más democrática, el tema de la desigualdad es un asunto muy profundo. Y en el caso de Chile, el problema es durísimo y la desigualdad va a empezar a ser cada vez más crítica. No se trata sólo de una desigualdad en el ingreso. También lo es en los tratos laborales, en la desigualdad frente a la justicia, a las alternativas, frente al empleo. Aquí el país crece a un 6%, pero ¿cuánto creció el empleo, cuánto creció tu salario? Algo pasa en el sistema que no está funcionando.

¿Hay que corregir el modelo?

Absolutamente: hay que corregir el modelo. Es urgente hacer reformas. No encuentro que haya un mejor sistema económico que el de mercado, pero el mercado se basa en la competencia y ésta supone que todos compiten para equilibrar las cosas, los precios. Pero como el mundo se ha ido concentrando, la competencia se ha ido terminando.

O sea, la tendencia al monopolio ha anulado la competencia.

Claro. Tanto en Chile como en el mundo uno ve que hay sólo tres empresas por rubro. Eso se ve en farmacias, en los supermercados y en muchas otras áreas. En la universidad me enseñaron que cuando había uno solo se llamaba monopolio; cuando había dos era un duopolio y cuando eran más se llamaba oligopolio. Y aquí estamos en los "polios" tanto en la política como en la economía. El problema es que hoy estamos ante la paradoja de que el mundo va hacia la democracia, pero en Chile hay menos democracia en lo económico y también en lo político.

La conciencia ética

¿Ve voluntad de parte del empresariado para hacer cambios en el modelo?

No mucho todavía. Son culturas que se van creando. Es como decir: "Me fue bien, entonces me voy a comprar la empresa del lado y ahí veo qué porcentaje del mercado controlo. Y si le agrego un servicio más, sobre los mismos gastos, tengo una rentabilidad mayor". Así es como los empresarios y los ejecutivos se van metiendo en esta dinámica. Porque a medida que te va bien, te vas convirtiendo en un prohombre de la sociedad. Entonces, cuesta mucho cambiar. Pero, por otro lado, va cundiendo la idea de que no podemos seguir con este malestar social, con esta tremenda desigualdad y que es cada vez más urgente corregir el modelo.

¿Por qué? ¿Cuál es el riesgo?

Que cuando las cosas siguen, explotan.

¿Y podría darse una explosión social como en Argentina, en que la gente salga a las calles y diga: "No más..."?

Estamos lejos de llegar a eso, pero uno podría acercarse a muchas cosas de ese tipo. Porque cuando eres consumidor y la cuenta de tus servicios básicos no calza, siempre eres tú el que tiene que arreglar el error de los otros. La gente empieza a tener la sensación de que permanentemente se lo afilan. Esa cuestión es súper mala. Entonces, tenemos que corregir el modelo para que efectivamente haya libre competencia. No más fusiones. Uno sabe que cada nueva fusión es más desempleo. Y así vemos cómo todos los empresarios chicos y medianos están desapareciendo. ¿Y qué hacemos? ¿Los ayudamos o dejamos que vayan siendo comidos uno a uno? Aquí necesitamos una comisión antimonopolio fuertísima. Y así como hay un poderoso empresario, también tiene que haber un poderosísimo defensor de los derechos de los consumidores. Tiene que imperar una ética distinta.

¿Cómo introduce la ética en el mercado?

En que uno tiene que ser ético y equitativo en sus decisiones. Sé que provocar los cambios es difícil. Todos tienen algo que defender, pero es urgente hacerlo. Tenemos que ir generando una cultura equitativa distinta en el país. Tiene que haber mayor conciencia ética.

¿Es correcta la manera en que el gobierno ha defendido a un empresario como Andrónico Luksic?

Ese es un tema distinto. A mí me cae muy bien Andrónico. Tengo una buena amistad con él y espero que le vaya bien en su proceso, que haya justicia y equidad. Ahora, dado ese problema, el gobierno tiene que ser muy cauto. El gobierno tiene relaciones diplomáticas con Perú, tenemos problemas pendientes, y en la medida de lo razonable y de lo justo, si el gobierno tiene que hacer cosas, que las haga, pero hay que mantener los planos.

¿El gobierno ha sido cauto?

No lo sé. No conozco el proceso. Si es menester, el gobierno puede prestarle toda la ayuda necesaria a Andrónico Luksic y si hay algo que le parezca injusto, arbitrario o discriminatorio de parte del Perú, el gobierno puede representarlo. Pero en la causa misma del juicio y si ésta está funcionando por los cánones regulares correctos, es un tema de un ciudadano independiente. Y el gobierno no tendría nada que hacer en ese caso. Creo que tenemos que mantener el asunto en planos distintos.

¿Por qué?

Porque Chile tiene que preservar sus relaciones con Perú de la mejor forma posible, no sólo porque es un país limítrofe, sino porque tenemos una historia y mucho futuro con ese país. Piensa tú que entre Chile y Perú manejamos gran parte del cobre del mundo y también manejamos gran parte de la línea de pescados y de las proteínas del mar del mundo, entre muchas otras cosas más. Entonces, una alianza entre Chile y Perú debiera ser una cosa bienvenida para ambos pueblos.

Lamarca, ¿autoflagelante?

Su crítica el modelo suena un poco autoflagelante. El horizonte económico se ve bien aspectado, todos celebran la proyección del próximo año, está bajando el desempleo...

No me siento autoflagelante. Soy un independiente que observa mucho y veo que hay mucha gente que no está bien, sobre todo los sectores medios que están viviendo muy apretados y al lado uno ve unas tremendas utilidades. La desigualdad se va a transformar en un problema nacional. Tenemos un problema de poderes que afectan a la democracia, porque al irse concentrando, también vas concentrando el poder. Y eso te da también un enorme poder de negociación con el consumidor, con los trabajadores, con tus eventuales competidores...

Durante 20 años usted trabajó en el grupo Copec, que para muchos representa esa concentración económica del país que usted considera inapropiada. ¿Cómo se entiende este cambio en su forma de ver las cosas?

No hay ningún cambio en la forma de ver las cosas. Los seres humanos nacemos en un tiempo y en un espacio determinado, y lo importante es que tratemos de vivir de acuerdo con lo que pensamos. Uno quiere cambiar muchas cosas, pero no puede cambiar el mundo. Entonces, no hay ninguna inconsecuencia. Puedes preguntar en Impuestos Internos, en el sector público, y en Copec cómo fui yo. Si traté de hacer las cosas lo más éticamente posible, si intenté aplicar lo que digo. Y si ves todos mis artículos en La Tercera, verás que hay una línea consistente desde siempre.

¿Pero hay algún punto de inflexión, algún episodio que marcó su interés por la desigualdad?

No. Siempre he pensado lo mismo y lo he escrito en innumerables columnas. Muchas veces dije cosas muy duras. Así que no hay ningún cambio en mi pensamiento. La necesidad de que impere la ética en el sistema de mercado y en la vida de los negocios, y que las cosas sean más equitativas está siempre presente.

¿Qué medidas concretas podrían implementarse ahora?

Lo que he dicho: tenemos que tener un zar de la libre competencia, una defensa potente al consumidor. Hay que pensar en una ética distinta en si uno le va a pagar, por ejemplo, a su empleado o contratista, mantenga una cierta proporcionalidad en eso. Creo que debería haber más conciencia y que los tribunales económicos actuaran más en conciencia que en derecho estricto; fijarse muy bien cuando vienen las fusiones y analizarlas detenidamente. En fin... que no le hagas al otro lo que no quieres que te hagan a ti. No puede ser que quieras que te paguen al contado y tú pagas a seis meses, y puedes hacer eso porque tienes un cierto poder de negociación que otro no tiene.

¿Cómo toman este discurso los empresarios? ¿Lo aceptan o lo resisten?

Si hay algo que ha cambiado, es que las cosas son más abiertas, más diversas, y la gente tiene menos temor a expresarse. Como en todas las cosas en la vida, hay gente del mismo sector empresarial que te encuentra razón y otra que piensa que estás equivocado.

¿Hay un corte generacional en esto?

En alguna medida, sí. La gente más joven es más proclive a tomar estas ideas y conceptos sociales de ética y de igualdad. Eso es cierto. Uno encuentra mejor eco en la gente más joven que en aquellos que vivieron la Guerra Fría.

¿Ahí se ubican los neofácticos?

Los periodistas han hablado de los neofácticos, pero creo que sólo son generaciones de reemplazo y es algo que sucede naturalmente. Es obvio que las generaciones de reemplazo van trayendo más ideas nuevas.

La lámpara del Municipal

Dice que hay que democratizar también la política. Concretamente, ¿a qué se refiere?

Este país está dividido en dos grandes bloques producto del sistema binominal. Reconozco que ese sistema político modera y equilibra. Pero de repente uno se da cuenta de que siempre son los mismos. Muchos de los actuales candidatos a parlamentarios van en su tercera reelección. Son los mismos, son los históricos, los fundacionales. Dentro de esos conglomerados no hay democracia. Después, yo miro a gente como Andrés Allamand, a quien le tengo un gran aprecio, pero me habría gustado que tuviera un competidor.

¿Para que la competencia lo legitimara?

Evidente, porque a partir de eso que pasó en Valdivia con Allamand se puede dar la misma en todas las demás regiones. Y podemos terminar con parlamentarios semidesignados. Entiendo que acabamos de eliminar la figura de los senadores designados... Entonces, es urgente meter más democracia a la política. No puede ser que si tú o yo nos queremos inscribir, tengas que pagar ese impuesto político que les cobran a los independientes que es la condición de reunir 30 mil firmas y no sé cuántos problemas más. Es un tema que hay que discutir. Yo no quiero que me obliguen a votar siempre por los mismos.

Probablemente, para cambiar el modelo la derecha tiene que sensibilizarse con la necesidad de corregirlo. ¿Hay espacio para ello?

La Alianza no ha sido capaz de plantear alternativas razonables ni imaginativas para que el mercado opere de verdad.

¿Cree que, de alguna manera, la derecha se siente obligada a defender esas parcelas de poder?

Bueno, el decil más alto de nuestra sociedad se lleva gran parte de los ingresos y ese decil tiene mucho que ver en las decisiones de la derecha. Ahí hay un problema serio que mucha gente lo piensa, pero que nadie se atreve a decirlo, porque hay muchas conexiones económicas, de amistad, políticas. El enredo es demasiado grande. Es gente que teme decir algo porque puede perder la pega o teme que le pase cualquier otra cosa. Al final, es más cómodo estar donde estamos. Pero lo que sí tengo demasiado claro es que aquí hay un problema de desigualdad que no da para más y hay que entrar a corregirlo.

O sea, ¿el chorreo no funciona?

Funciona a gotas. Eso es lo que, desgraciadamente, ha demostrado la concentración. Porque si estuviéramos en un sistema de mercado con competencia, que funcionara bien, el chorreo sería una realidad. Pero en un sistema que sólo tiene de mercado el nombre, pero todos los poderes están concentrados, el chorreo funciona a goteo. Y tan así es que crecimos a un 6,2, ¿y hacia dónde chorreó el 6,2?

¿Y cómo se mejora esto?

Tenemos que preocuparnos del tema; terminar con esta elite que se pone de acuerdo y que lo pasa bien. Esa imagen se cristaliza en esos grandes eventos que se hacen en el Teatro Municipal, donde todos van de invitados, porque pagar es rasca, y te encuentras con todos los empresarios y con todos los políticos. Ahí está la elite de Chile. Si se llega a caer la lámpara del municipal, queda el desparramo. Ellos están felices, pero qué pasa con el pequeño almacenero, con el viñatero chico o el panadero.

Pero usted también es parte de esa elite, ¿o no?

Por supuesto. Pero tengo derecho a disentir y a decir lo que pienso. Aunque es difícil, muy difícil... Tengo la impresión de que Chile no va a cambiar mientras las elites no suelten la teta. Y creo que va a ser muy difícil que las elites políticas y económicas se decidan a soltarla.



Sunday, October 09, 2005

La capucha imperfecta

Aunque la propaganda del condón hiera ciertas creencias, el Estado está obligado a emprenderla so pena de tolerar la infección de esos muchos jóvenes y viejos que todavía tienen prejuicios a la hora de usar condón; pero no a la hora de intimar incluso ocasionalmente. Si la Iglesia Católica puede arriesgar echarse sobre la espalda el sufrimiento de esos miles para así honrar sus creencias, el Gobierno no puede.

CARLOS PEÑA G.
Vicerrector Académico Universidad Diego Portales

¿Es correcta la campaña lanzada esta semana donde, sobre el fondo de un Kamasutra de cómics y empleando el lenguaje de la tribu, se promueve el uso del condón? ¿Debe el Gobierno estimular el uso del preservativo, incluso si con ello hiere las creencias y los sentimientos de esos católicos que fieles a sus pastores y a sus creencias morirán sin haber usado nunca esa capucha de plástico? ¿Tiene, por su parte, derecho la Iglesia a enfadarse por esa propaganda y oponerse a ella con todos los medios a su alcance? ¿Debemos aceptar que, ya no la Iglesia, sino ahora la televisión católica se inhiba en esta campaña?

Acerca de la acción emprendida por el Gobierno, no parece, a primera vista, haber duda. Interesa a todos prevenir el sida. Y la entrega de información fidedigna acerca de la manera más eficaz de hacerlo es plenamente compatible con la autonomía de cada uno a la hora de vivir su intimidad.

Para esos miles y miles de jóvenes con el deseo efervescente, que hablan el lenguaje de la calle, que fantasean y exploran, y a quienes los rigurosos mandamientos de la Iglesia dejan inexplicablemente impávidos, es bueno contar con esa información que si no les ayuda a salvar su alma, sí al menos les evita una enfermedad horrenda que, de otra manera, podría propagarse sin control alguno. Sería, por supuesto, mejor que aprendieran de una vez que la intimidad no debe prodigarse de buenas a primeras, que, como en otras esferas de la vida, incluso en el sexo la templanza puede ser beneficiosa y placentera, que el erotismo es enemigo de la promiscuidad y que esperar no siempre es malo. Pero mientras se convencen de eso arriesgamos el peligro que miles se infecten, infecten a otros y hagan sufrir a sus padres y a sí mismos.

Entonces es mejor que sepan desde ya que, en espera que los ejercicios espirituales y las duchas frías surtan sus efectos, lo más seguro es usar condón.

Mientras tanto la Iglesia -cuyos verdaderos fieles hacen, no tengo duda alguna, la cruz al preservativo- está en su derecho de mostrar a todos los descreídos el grave error que cometen al usar esa capucha. Ella les hará ver que aun cuando el deseo se insubordine, es mejor arriesgar la salud y el sufrimiento indecibles antes que usar ese profiláctico que, según nos revela el Magisterio, maltrata nuestra verdadera condición. Esa tarea es sobre todo de los clérigos, por supuesto. Ellos enseñan con su ejemplo, día tras día a nuestros jóvenes el valor de la contención y de la abstinencia. No faltaba más.

¿Y los medios católicos? ¿Tienen ellos derecho a escoger el tipo de mensajes que transmiten incluso cuando se trata de la salud pública? ¿Deberían transmitir información relativa al uso del condón?

Aparentemente ellos cuentan con una buena razón para oponerse. El uso del condón lesiona la forma de vida en la que creen: una sexualidad abierta a la procreación dentro del matrimonio. ¿Cómo podría estimarse incorrecto, entonces, que se abstengan de transmitir esos mensajes? ¿Acaso no estarían negando el proyecto de vida en el que creen? ¿Cómo podríamos obligarlos a eso? ¿Por qué ellos iban a transgredir los valores que, como sabemos, se esmeran en promover con escrúpulo, y para bien de todos nosotros, en el conjunto de sus programas?

Esa argumentación es plausible; pero me temo no es del todo vigorosa en la televisión abierta. La televisión abierta hace uso de un bien público que supone ciertos gravámenes. ¿No es razonable, entonces, pedirles que, como lo aconseja la evidencia disponible, informen acerca del uso del condón como el medio más eficaz de controlar el sida? ¿Y ello, claro, sin perjuicio de que usen el lenguaje que les parezca adecuado y, al mismo tiempo, empleen el resto de sus espacios para promover la forma de vida en la que creen? Después de todo, el mismo argumento que se esgrime hoy para no transmitir información abierta acerca del uso del condón podría esgrimirse a la hora de transmitir propaganda electoral si uno de los candidatos, por ejemplo, promueve ideas que irriten las creencias editoriales. ¿Aceptaríamos entonces ese tipo de objeciones?

Ya es bastante que sólo una creencia religiosa -en un estado neutral- pueda contar con un bien público de la importancia del que hace posible la televisión abierta. Que además se resista a participar de campañas donde está en juego el interés general, no parece del todo correcto.

Por eso, los medios católicos no, debieran abstenerse de difundir el uso del condón. Nadie les pide que sacrifiquen sus creencias. O que guarden silencio a la hora de promoverlas. Se trata apenas de que homenajeen, junto con sus creencias, el carácter público del bien que utilizan.

Pero, en fin, si el canal católico tiene remilgos, el Gobierno no. Si la Iglesia busca caminos de perfección a cualquier precio, el Gobierno no puede permitirse ese lujo.

El Gobierno -incluso en un estado liberal que debe esmerarse en no herir las creencias de las minorías- tiene un compromiso con el bienestar general. Está obligado a atender a las consecuencias de las acciones que realiza o de las que se niega a realizar. Sobre todo si la muerte está entre esas consecuencias. La comunidad política -compuesta de gentes de todos los credos y de todos los comportamientos- no es un club de suicidas.

Por eso, aunque la propaganda del condón pueda herir a ciertas creencias, el Estado está obligado a emprenderla so pena de tolerar la infección y la muerte de esos muchos jóvenes y viejos que todavía tienen prejuicios y frenos a la hora de usar condón; pero no a la hora de intimar, incluso ocasionalmente. Si la Iglesia Católica puede arriesgar echarse sobre la espalda el sufrimiento y la infección de esos miles de personas para así honrar sus creencias, el Gobierno no puede. Si lo hiciera, sería irresponsable.

Sería irresponsable incluso con esos millones de parejas que van sinceramente a misa, entierran a sus muertos con la esperanza de la vida eterna, bautizan a sus hijos, se alegran y se emocionan con la canonización del Padre Hurtado, hacen esfuerzos por ser solidarios y ponen su vida cotidiana en las manos de Dios. Pero que a la hora de vivir su sexualidad usan condón.

Porque habrá, supongo, entre los católicos, algunas ovejas descarriadas que a la hora de tener sexo no lo hacen sólo inflamados por la posibilidad de coadyuvar a Dios en su tarea creativa y entornando los ojos ante la posibilidad de traer niños a este valle de lágrimas, sino también -Dios los perdone- por la simple búsqueda del placer.

En chile sólo perseguimos a los pobres diablos.

Abogado y academico de la U. de Chile, fue un entusiasta promotor de la reforma procesal penal. Hoy, el debate sobre la delincuencia que pone esta reforma en entredicho, le parece histérico, y sobre todo, peligroso. (entrevista de Juan Andres Guzman, Periodico El Otro.)
Miguel Soto Piñeiro Abogado Penalista
  • El Nuevo sistema penal es demasiado garantista?

Es más garantista que el antiguo sistema, pero eso deriva de que lo que habia antes no cumplia los requisitos mínimos que exige el Estado de Derecho. Ahora, visto desde el óptimo de garantías, el sitema actual no es especialmente garantista. Por el contrario, el 90% de los juicios orales terminan en sentencias condenatorias y ha aymentado el número de presos con condena en las cárceles.

  • Lavin ha puesto el énfasis en los 100 mil hurtos que ocurren al año. Que le parece a ud ese delito?

Que se ha centrado el debate en el hurto bagatelario, un delito que se discute si debe estar en el derecho penal. Hablamos de cosas de escasisimo valor, sustraidas sin violencia ni intimidacion. Son delitos que se acercan mucho mas a una infraccion de transito y cuya persecucion representa un gasto ocioso de recursos penales. Usar la privacion libertad en ese tipo de delitos solo aumenta la marginalidad y la estigmatizacion de quienes la sufren, sin que tengan ningun efecto preventivo ni de resocializacion.

  • Lavin Tambien exige mayor uso de la prision preventiva de los acusados.

La idea de que una persona acusada, a la que se le debe presumir inocencia, este presa por ser un peligro para la sociedad, es un contrasentido. Si no existe un peligrosometro, nadie puede saber quienes van a atentar contra la sociedad. Peor aun, el concepto de peligro para la sociedad, como causal de la privacion de la libertad durante un proceso, es un invento de la Italia de Benito Mussolini. Uno puede sostener que quienes apoyan esta idea estan apoyando ideas de clara inspiracion fascista y nazi.

  • Parece, ademas, que se hace un uso muy discrecional de ese peligrosometro. Por ejemplo, en el caso de las Niñas Arañas, el Presidente Lagos hablo de la puerta giratoria de la justicia. pero frente a la orden de captura internacional contra Andronico Luksic, el Ministro de relaciones exteriores dijo que no tenia duda de su inocencia.

Por cierto. En Chile el que roba un agallina comete robo con fuerza en las cosas, el qeu roba 100 gallinas comete una estafa y que se apropia del gallinero incurre en un incumplimiento de contrato no constitutivo de delito.

  • En la practica, entonces, la presuncion de inocencia solo existe cuando uno tiene un buen abogado que la haga valer?

Sin duda. Algunos son mas iguales que otros. Mire, hoy en el ambito del derecho comparado, estamos viviendo lo que se ha llamado la expansión del derecho penal, que comprende dos fenomenos difentes: por una parte la expansion hacia una criminalidad que antes no se perseguía, como la criminalidad mediomabiental y los delitos contra la transparencia del mercado. Por otra, intensificacion de la persecucion penal de los pobres diablos. En Chile, y en general en los paises tercermundistas, lo unico que tenemos de esta expansion, es la intensificacion de la persecucion de la criminalidad de los pobres diablos.

Monday, October 03, 2005

LOS CON TECHO

Libro “Los Con techo’’ analiza los últimos 20 años de política habitacional

“Los con techo’’ en Chile, un cuestionado modelo de exportación.

La política de vivienda social ha sido poco discutida desde la perspectiva de la calidad de sus productos y, menos aun, en cuanto a los impactos sociales y urbanos que esta producción masiva ha causado.

Por Alfredo Rodríguez

Arquitecto e investigador de Sur,-Corporación de Estudios Sociales y Educación

Vicepresidente del Colegio de Arquitectos de Chile

En Chile, la política de financiamiento de vivienda social del Ministerio de Vivienda y Urbanismo (MINVU) ha sido un éxito. Es un hecho indiscutible. En los últimos 25 años, ha facilitado la construcción de más de medio millón de viviendas sociales en el país.

Son viviendas terminadas, en terrenos urbanizados, entregadas en propiedad. Sus dueños corresponden en su mayoría a familias situadas en los dos primeros quintiles de la población chilena. Se tiene así un modelo de financiamiento de vivienda social que ha sido exitoso en cuanto a la cantidad de unidades producidas.

No obstante, con los años, este modelo ha mostrado limitaciones muy serias en cuanto a la calidad de vida y posibilidades de convivencia social que sus productos (las viviendas y los conjuntos habitacionales) ofrecen a los residentes.

Esta política de producción de viviendas ha sido poco discutida desde la perspectiva de la calidad de sus productos y, menos aun, en cuanto a los impactos sociales y urbanos que esta producción masiva ha causado.

En el libro “Los Con Techo’’ analizamos los 20 años de política de vivienda social y en el, más que dar respuestas, presentamos algunos de los múltiples aspectos de la vida de las personas en los que incide la actual política habitacional. Y a partir de esta base empírica, que es resultado de encuestas socioeconómicas, estudios antropológicos y análisis urbanísticos, procura abrir una discusión sobre qué hacer concretamente con el stock de vivienda social construida, particularmente en Santiago de Chile.

Para las autoridades del sector, el problema sigue siendo cómo dar techo. Apoyándose en el éxito logrado, señalan que es necesario construir más y más viviendas sociales nuevas. Sin embargo, en la opinión pública se ha ido generalizando un cuestionamiento del discurso oficial.

Así, por ejemplo, desde mediados de los años noventa en adelante diferentes estudios comenzaron a dar voces de alerta respecto a la calidad de los productos y la insatisfacción de los beneficiarios. Además de tales voces, la naturaleza misma sometió a prueba la calidad constructiva: las lluvias del invierno de 1997 tuvieron un efecto devastador en los conjuntos de vivienda social de Santiago. El Ministerio de Vivienda y Urbanismo (Minvu) tuvo que reparar miles de viviendas, tarea que aún después de siete años no concluye.

Por otra parte, hay indicios de que el problema está cambiando: aunque el déficit cuantitativo se reduce anualmente en términos absolutos y las autoridades del sector hablan del éxito de las políticas, los beneficiarios están descontentos: diversas organizaciones de residentes de conjuntos de vivienda social protestan contra las empresas constructoras y contra el Minvu, con demandas judiciales por problemas relacionados con los estándares y la calidad de las viviendas, de los servicios y del equipamiento de los conjuntos habitacionales en donde viven. Estos son nuevos actores poblacionales, diferentes a los activos hace décadas atrás, como las organizaciones de allegados o comités de los “sin casa”. En el último decenio ha ocurrido una sola toma de terreno de relativa importancia.

También la violencia intrafamiliar es un problema que aparece cada vez más relacionado con las condiciones de vida en las grandes concentraciones de vivienda social. Este es un problema social nuevo, paradójicamente estimulado por el éxito cuantitativo de una política pública diseñada para solucionar un problema también social.

Nuestra afirmación, en este libro, es que estamos frente a un problema mayor que abarca a miles de familias “con techo”. Si hace veinte años atrás el problema de la vivienda era el de las familias sin techo, hoy, en Santiago, el problema de la vivienda es el de las familias con techo.

En Santiago el stock habitacional de viviendas sociales comprende alrededor de 202 mil unidades construidas entre 1980 y 2000 (incluido), casi un millón de personas, poco menos de la quinta parte de la población del Gran Santiago. Los residentes en estas unidades son en general personas que están insatisfechas con la calidad de su vida cotidiana. Dicen que quieren irse a otros barrios y no pueden hacerlo, porque son pobres y porque no existen otras alternativas habitacionales. Por dar una cifra, el 65 por ciento de las familias que residen en conjuntos de vivienda social en Santiago manifiesta intención de irse de dichos conjuntos y de los barrios donde viven actualmente (SUR 2002).

En general, los proyectos de vivienda social cubren una extensión urbana relativamente pequeña, pero de alta densidad. Cada proyecto utiliza al máximo la capacidad del terreno, con poca o escasa relación con los terrenos aledaños. Hay nulo diseño urbano y escaso diseño arquitectónico de las unidades.

En estas materias, la discusión se plantea erróneamente cuando se dice que, al decidir las opciones de política habitacional, hubo un dilema entre el número y la calidad, y que se optó por la cantidad. Al observar el diseño de la mayoría de los conjuntos habitacionales, se puede concluir que no hubo tal dilema. La calidad nunca estuvo en juego. Los criterios que han guiado las decisiones sobre vivienda social no han sido de urbanismo, de arquitectura o de calidad de vida de los residentes.

Ha predominado el financiamiento, el criterio mercantil, cuya expresión ha sido el mayor número de soluciones posibles. Para ser justos, habría que señalar que al comienzo de los noventa, aparecía la urgencia de dar el mayor número posible de soluciones habitacionales. Sin embargo, con el transcurso de los años, la meta cuantitativa se convirtió en criterio de excelencia del ministro de Vivienda de turno, y ahí el criterio mercantil y el criterio político coincidieron: mejor ministro quien hace más casas; la calidad, la localización, el entorno, no otorgan puntaje en el escenario político.

La experiencia de 25 años de subsidio habitacional nos demuestra que para lograr una producción masiva es necesario contar con un mecanismo de financiamiento. Obviamente ese es un elemento indispensable para una política de vivienda, pero es sólo uno de sus componentes. Al revisar las Memorias Anuales del Minvu, o documentos de la Cámara Chilena de la Construcción, se encuentra un registro contable de las unidades iniciadas o de los subsidios otorgados anualmente, de las empresas que construyeron, o de la focalización de los programas.

Estos registros son importantes, pero insuficientes: no dan cuenta de elementos que son parte inherente de una política de vivienda social, como la habitabilidad de las viviendas, las condiciones espaciales de las viviendas y de los conjuntos que inciden en las relaciones al interior de las familias y entre las familias que los habitan, o la inserción de los conjuntos habitacionales en las ciudades. Son parte inherente porque se trata de aspectos que se dan en toda política habitacional, ya sea como presencias o como ausencias, como factores positivos o negativos. Si una política los considera, están allí como elementos de bienestar e integración; si los ignora, existen allí como causas de malestar y guetización.

Para las familias de bajos recursos —John Turner ya lo señalaba a principios de los años sesenta—, hay algunas condiciones que sus viviendas deben cumplir: (a) La localización de la vivienda debe servir para aprovechar las oportunidades que ofrece la ciudad, el lugar es muy importante; (b) En un primer momento, el lugar puede primar por sobre la calidad y tamaño de las viviendas, siempre y cuando éstas sean flexibles y ofrezcan la posibilidad de mejorar progresivamente respondiendo a las necesidades cambiantes de las familias; (c) Lo importante es el proceso de mejoramiento progresivo de las viviendas y del barrio, que con el tiempo permite una valorización de los inmuebles.

En esa perspectiva, la seguridad de la tenencia constituye un resguardo financiero para las familias pobres frente a un futuro incierto; (d) El acceso a la nueva vivienda es un proceso social a través del cual las familias se apropian del lugar, se construye una comunidad y se asegura una convivencia entre los vecinos. Es bastante más que el cumplimiento de trámites burocráticos.

La vivienda social no es simplemente una mercancía que se produce y se vende en el mercado. Así, en este libro se señalan diferentes dimensiones que una política habitacional orientada a responder a las necesidades de las familias de bajos recursos debiera considerar: un producto flexible, modificable; incorporado a la trama urbana, que dé acceso a las oportunidades que la ciudad ofrece; la organización de los sujetos de la acción habitacional, para facilitar la construcción progresiva de barrios; el desarrollo urbano desde la perspectiva de la planeación estratégica y dinámica más allá de la tradición regulatoria. Esto supone, siguiendo a Ascher (2004: 81-82), “más competencias técnicas, sistemas de inspección y bases de datos mucho más elaborados [...] y más democracia”.

Tales son los planteamientos que guían el desarrollo de este el libro. En su primera parte, “La política de vivienda social”, se hace un recuento en detalle de la política de financiamiento a la vivienda social en vigencia, desde sus inicios a fines de los años setenta hasta principios de los años 2000. Este registro muestra el desarrollo y evolución de una política de financiamiento de la vivienda social en un largo período, y permite entender en qué medida el mercado de la vivienda es una construcción del Estado. En palabras de Bourdieu (2001: 107-108): “Hay sin duda pocos mercados que, como el de la casa, no sólo estén controlados, sino que sean verdaderamente construidos por el Estado, muy especialmente por medio de la ayuda otorgada a los particulares, [...] favoreciendo más o menos a tal o cual categoría social y, de ese modo, a tal o cual sector de constructores”.

La intervención del Estado vía normas, regulaciones, financiamiento, exenciones tributarias, subsidios, garantías a los préstamos, etcétera, es central en el comportamiento de los distintos agentes del mercado de la vivienda social: bancos, empresas constructoras, propietarios de terrenos, compradores. En este escenario, el Capítulo 1 pone énfasis en el papel que han desempeñado los subsidios habitacionales en el éxito cuantitativo de la producción de vivienda social en Chile.

La paradoja de este éxito, como se establece en el Capítulo 2, es que la producción masiva de viviendas sociales ha terminado creando nuevos problemas habitacionales. El stock construido de viviendas sociales es ahora un gran problema habitacional: el problema de los “con techo”.

Es decir, la solución dada al problema de los “sin techo” —la producción masiva de vivienda social— ha llevado a una situación de insatisfacción de sus beneficiarios respecto a la materialidad y diseño de las viviendas y su entorno; y particularmente respecto de las condiciones de convivencia familiar y social que en ellas se dan, y de su marginación de la ciudad. El stock construido hoy día es un problema habitacional, pero también social. En el Capítulo 3 se postula que ello requiere no sólo preguntarse cómo mejorarlo materialmente, sino cómo construir en sus habitantes, identidad, confianza y participación social.

En la segunda parte del libro, “Del campamento a la vivienda social”, se relee la política de vivienda social actual y sus productos, pero esta vez desde la experiencia de sus destinatarios: los residentes en los conjuntos habitacionales generados a partir de esa política, que también tienen un diagnóstico sobre la materia.

En el Capítulo 4, en que se sigue el paso desde el ‘campamento’ hasta la ‘villa’, se contraponen los aspectos positivos y limitaciones de los modelos de organización espacial derivados de las prácticas populares, y de aquellos que son producto de las políticas de vivienda. Se contrasta así la complejidad espacial de los campamentos a la uniformidad de los conjuntos de viviendas sociales; la organización a la fragmentación; la “toma” como acto de integración a la ciudad, a la expulsión de la ciudad que perciben los habitantes de las villas.

Esto dicho sin el propósito de romantizar los campamentos, sino para destacar aspectos que las respuestas actuales no recogen y que podrían enriquecerlas. Es indiscutible que ha habido mejoras en las condiciones de habitabilidad, en particular lo referido a la sanidad, y la regulación legal de las propiedades; sin embargo, persisten graves problemas asociados a la pobreza y exclusión, y se ha perdido la riqueza de las redes sociales. Como se desarrolla en el Capítulo 5, en el diagnóstico de los mismos pobladores “con techo”, “la vivienda mejora la calidad de vida de las personas, [pero] los deseos de superación de la pobreza se topan con la evidencia de una realidad que, contra las expectativas de la gente, no propicia procesos de movilidad social. Los ingresos siguen siendo los mismos, las deudas y los gastos mayores, el barrio continúa igual o peor, el espacio de la familia se ha hecho más restringido; la urgencia de la sobrevivencia sigue siendo tanto o más central que antes en la vida de las familias”.

Una de las interrogantes que se plantea en el libro a partir de esta realidad excluyente se refiere a las posibilidades de integración de los residentes de las villas a sus nuevos barrios, en tanto vecinos; y al Estado, en su calidad de ciudadanos; ambos en términos del derecho de pertenencia a una unidad territorial, cultural y económica.

Esto se explora en el Capítulo 6 a partir de dos preguntas muy específicas, y no contempladas en las políticas habitacionales: “¿Qué pasa en la vida de las personas más pobres cuando obtienen la primera casa propia? ¿Qué transformaciones ocurren en las relaciones familiares, vecinales, con el Estado y con el entorno en general?” La respuesta nos lleva a valorizar la organización de los pobladores y su participación en los procesos de acceso a la vivienda, y a relevar una ausencia: “el Estado no encuentra entre sus mecanismos los necesarios para relacionarse con ellos desde su nueva condición, la de pobres con techo.

Al contrario, los mecanismos usados por el Estado son los mismos que aplica para relacionarse con la clase media o con quienes están en extrema pobreza: los coloca en una de esas dos categorías. En su nueva condición, no existen para el Estado”.

Frente a esta situación de exclusión y las posibilidades de integración, el Capítulo 7 distingue entre integración funcional e integración simbólica: “La integración funcional supone la interdependencia con un todo social; la integración simbólica, en cambio, supone la implicación de los sujetos en cuanto ciudadanos en un sistema de derechos, normas y valores”. Desde esta perspectiva, se puede afirmar que las políticas de vivienda social mejoran “en el corto plazo la integración funcional de las familias —es decir, se resuelve el problema de los sin techo—“, pero no han contemplado “la construcción de una comunidad de sociabilidad y sentidos desde donde sostener procesos de construcción de sujetos y ciudadanos”.

Aquí se vuelve a Bourdieu, en su afirmación de que tratar la casa como un mero bien de capital y su compra como una estrategia económica en el sentido restringido del término, haciendo abstracción de la trayectoria recorrida por aquellos que la habitarán —como doña Bernarda, en el Capítulo 8— es simplemente despojarla de todas sus propiedades históricas y simbólicas.

En el capítulo 9, que cierra la segunda parte, la pregunta sobre cómo recuperar la vida social en los conjuntos de vivienda social se abre en diversas interrogantes, que se pueden sintetizar en cómo continuar con programas de vivienda masiva, y a la vez resolver los problemas del stock habitacional y las necesidades sociales y culturales que surgen en esos asentamientos urbanos.

Todo lo anterior, con sus luces y sombras, desemboca en el libro en una conclusión optimista respecto de la política habitacional en Chile. La fotografía de la portada muestra la desesperación y audacia con que los residentes de las villas intentan responder a sus necesidades ampliando las viviendas que les ha entregado el mercado. Es una respuesta frágil, porque esa audacia y libertad no forma parte hoy del marco institucional de las políticas sociales o habitacionales, que los excluyen como actores; tampoco de la agenda política, que hasta muy recientemente no los consideraba; y menos de los diseños de ingenieros, arquitectos y urbanistas.

Pero no estamos al final del camino, estamos en un punto de inflexión. Si se sigue haciendo lo mismo —esto es, aplicar una política de financiamiento de vivienda social sin considerar la participación y necesidades de sus destinatarios, la organización interna de los conjuntos y su inserción en la ciudad—, los efectos se harán irrecuperables. Al contrario, si se reconoce que el stock existente es un problema, podemos decir que se ha cumplido una primera etapa: los sin casa tienen techo. La tarea ahora es hacer de ese techo una vivienda digna, y de los conjuntos, barrios integrados a la ciudad.

Sunday, October 02, 2005

Columna de Carlos Peña del 02092005

El nominado
Carlos Peña G.
No da lo mismo quién sea el próximo ministro de la Corte Suprema. Nos interesa a todos conocerlo, saber qué piensa; cuáles son los prejuicios de que está consciente, esos otros que lo dominan; cuán vulnerable, en suma, podría ser. Después de todo, no es poco lo que pondremos en sus manos.
El palacio de calle Compañía es una extraña mezcla de solemnidad y de pobreza. En sus recovecos interiores hay de todo. Mármol en las escaleras; oficinas caprichosas como diseñadas por un Gaudí ordinario y tosco, divididas una y mil veces con cholguán, madera terciada y otros desechos; maderas nobles en algunas de sus salas; anafes para la hora del té en casi todas; mantas escocesas para el frío y también para evitar que el traje se ponga brilloso; libros y códigos; bellos muebles centenarios; calendarios con avisos de martilleros públicos para ordenar la agenda; retratos de jueces que ya se fueron; tarjetones escritos con plumón; hojas cosidas con hilo de volantín (del diez y, por supuesto, sin curar); hombres de gris con traje y chaleco tejido a palillo; poca luz; algunas mujeres con traje dos piezas; abogados de diverso talante, algunos tan nerviosos como sus clientes; estudiantes algo desaprensivos que miran con tibio pavor la suerte que les espera; gendarmes algo sedentarios y excedidos de peso que vigilan; ascensores con rejas de bronce de los años cuarenta, y, era qué no, periodistas debajo de una escalera casi a la entrada, mirando un televisor de catorce pulgadas, justo allí donde principia el mármol.En ese lugar desenvuelve su trabajo cotidiano la Corte Suprema de Justicia.Cuando sus miembros dictan sentencia a usted no le queda más que rezar. Para agradecer, pedir un milagro o consolarse. Nada más. No hay caso. Sus decisiones son definitivas.Sus veintiún miembros cuando interpretan la ley y dictan sentencia, les comunican a diecisiete millones de chilenos qué es derecho en Chile y qué no lo es. Ellos dicen de manera definitiva qué es derecho (que no es lo mismo que afirmar que el derecho es lo que dicen ellos). Nos hacen saber qué reglas son obligatorias para todos y cuáles no; qué actos son reprobables desde el punto de vista jurídico y cuáles son indiferentes; quién ha estado a la altura de los compromisos que mantiene frente a la comunidad y quién, en cambio, los ha traicionado; qué dicen las reglas y qué es aquello que, en cambio, sólo aparentan decir.Son, por decirlo así, el superego de nuestra comunidad.Sin ellos, el estado de derecho no sería posible. Sus decisiones van poco a poco modelando la comunidad política.¿Es correcta la píldora del día después?, ¿se pueden congelar los embriones?, ¿cómo se cuentan los plazos?, ¿está prohibido ofender a Cristo?, ¿se puede publicar cualquier cosa?, ¿es o no es persona el embrión?, ¿tienen bienes en común los convivientes?, ¿puede una lesbiana educar a sus hijas?, ¿tienen autonomía los niños?, ¿cuándo prescriben los crímenes?, ¿está Pinochet en su sano juicio?, ¿podrá cerrarse alguna vez Colonia Dignidad?, ¿es la homosexualidad un crimen?, ¿es correcto favorecer a los indígenas?, ¿es el caso MOP la simple alharaca de una tribu?, ¿tenemos derecho al secreto?, ¿es cada uno dueño de su imagen?, ¿existe o no existe la presunción de inocencia?, ¿tenemos o no derecho a la libertad provisional?, ¿los derechos humanos son algo o son humo?, ¿es la muerte una puerta de escape al sufrimiento?, ¿desaparecieron los desaparecidos?, ¿puede secuestrarse a un cadáver?Ese tipo de preguntas son las que, salvo algunos detalles técnicos, debe resolver una Corte Suprema de Justicia. No son preguntas banales, como usted ve. Ls respuestas que demos a cada una de ellas configurarán, poco a poco, el clima moral en el que se desenvolverá la vida en común y el futuro de nuestros hijos.Es cierto. Al responderlas, los jueces no deben pensar qué decidirían ellos, sino esforzarse lealmente por averiguar qué es lo que decidieron las reglas. Las mismas que usted y yo -nosotros, el pueblo- aprobamos mediante nuestros representantes.Pero el lenguaje es imperfecto y las reglas dejan inevitables márgenes de discreción, intersticios por donde se cuelan la personalidad, los prejuicios, la ideología, las cicatrices de quien las lee.Por eso, no da lo mismo quién sea el próximo ministro de la Corte Suprema. Nos interesa a todos conocerlo, saber qué piensa; cuáles son los prejuicios de que está consciente, esos otros que lo dominan; cuán vulnerable, en suma, podría ser.Después de todo, no es poco lo que pondremos en sus manos.Conscientes de todo eso, algunos sistemas legales se esmeran por dotar a los procesos de elección de sus jueces de una particular transparencia y participación. En la Suprema Corte de los Estados Unidos, por ejemplo, el asunto es particularmente intenso. Un confesionario a cargo de un cura voyerista quedaría pálido frente al Comité de Justicia del Senado. El candidato es puesto patas arriba y se le revisan hasta los bolsillos, los amores de adolescencia, los pequeños vicios cotidianos. No es simple curiosidad. El sistema legal americano está consciente de que los prejuicios y la historia pesan a la hora de interpretar la ley, y sabe que es mejor no ignorarlos. En otros sistemas, la decisión se traslada a un órgano de representación múltiple, donde, en medio de la pluralidad, se delibera acerca de cuál sea el mejor candidato.En Chile, en cambio, tenemos un sistema con participación múltiple, pero poca transparencia. Es verdad que participa la propia Corte, el Presidente de la República y el Senado. Pero no existe un sistema de audiencias públicas. Hay, en cambio, reuniones más o menos formularias. Y el conjunto del público -esos ciudadanos que se preocupan de sus instituciones- no tiene ninguna oportunidad de verificar si tras la decisión que se adopta hay o no buenas razones. Porque la publicidad sirve para eso: para inhibir las malas razones y más tarde pedir cuentas.¿Qué sabemos nosotros, ahora, por lo pronto, del juez Muñoz? Poco, la verdad. Conocemos su postura corporal (siempre queriendo tomar venganza de la baja estatura), alguna afición universitaria, su vocación de fiscal. De lo que él piensa acerca de asuntos de interés general no sabemos nada. Y, así, lo tendremos como ministro de la Corte Suprema con la ilusión de la neutralidad más absoluta. Pero él sabe, usted sabe y yo sé que la neutralidad no existe. Y los tres sabemos que si es malo tener prejuicios, es peor no estar advertido de que se tienen.Pero ya ve usted, a la hora de nominar a quien responderá preguntas tan importantes, nosotros, el pueblo, no podemos preguntar nada.

Los pecados favoritos

Estilos de negociación de los ejecutivos chilenos: Los pecados favoritos

Hacer propuestas con el "tejo pasado", no demostrar apuro por el resultado y ofrecer cosas que no serán solicitadas después son las técnicas más frecuentes. Pillerías que desconciertan a los extranjeros.
Negociar con el "tejo pasado" y no demostrar interés ni apuro por el resultado, son tácticas aceptables para dos tercios de los ejecutivos chilenos. En tanto, un 36% de ellos considera válido intentar sacar al negociador original del camino, en los casos en que eso es factible.Estos resultados son producto de una encuesta que realizó el Centro de Negociación y Mediación (CNM) de la U. del Desarrollo a 150 ejecutivos locales. El propósito era conocer los "pecados" más comunes de los negociadores chilenos y contrastarlos con los de sus pares de EE.UU.¿Y por qué se habla de pecados? Porque se trata de tácticas que suelen conducir a una negociación exitosa, pero que están basadas en la agresión, la mentira u otros procedimientos cuestionables."En una relación personal, la sociedad suele rechazar la agresividad. Pero en el mundo de los negocios se valida en función de los resultados", plantea Patricio Cortés, director del CNM. Amenazar a la contraparte, precisa Cortés, es claramente una agresión, sin embargo, un 33% de los encuestados apoya esa fórmula.El problema es que estas tácticas atentan contra la confianza y echan a perder la relación entre las partes. Si la negociación fuera un episodio aislado y los involucrados no volvieran a verse, cobraría sentido hacer cualquier cosa para lograr el objetivo. "Pero, en general, la negociación se da en el contexto de relaciones de largo plazo", explica Carlos Sanhueza, director del Programa de Negociación de la U. Adolfo Ibáñez.La nacionalidad es un factor diferenciador, pues los "pecados" más aceptados entre los ejecutivos chilenos son diferentes a los de sus pares estadounidenses. Entre estos últimos, por ejemplo, es ampliamente aceptable minar la confianza del otro en sí mismo y mentirle. En cambio, ambos grupos rechazan la práctica de hacerse amigo de la contraparte.Tanto en Chile como en EE.UU.se aplicó la misma encuesta a 150 ejecutivos que cursaban programas de MBA. En el caso de Chile, pertenecían a las universidades Católica, De Chile, Adolfo Ibáñez y Del Desarrollo.Hasta la década del ochenta, la investigación en torno a los procesos de negociación consistía básicamente en el desarrollo de modelos económicos de comportamiento para anticipar posibles cursos de acción de los actores involucrados. Esta corriente dejaba de lado un aspecto crucial: las habilidades interpersonales o "blandas" necesarias para lograr el objetivo planteado, cuyo estudio impulsó la Escuela de Derecho de Harvard.Cristián Saieh, director del Centro de Negociación de la UC, destaca, entre ellas, la persuasión, la persistencia y la integridad personal. "La primera, tiene que ver con la comunicación y la obtención de información. Es importante transmitir el mensaje es escuchar y entender cuál es el interés del otro", afirma. Respecto de la persistencia, aclara que muchas veces un "no" realmente significa "lo voy a pensar", consideración clave para conseguir lo esperado con prontitud."La integridad es un activo que hay que cultivar en el plano público y privado: ser honesto en la entrega de información, cumplir con los compromisos y respetar a la contraparte resulta fundamental", plantea el académico de la UC.Los académicos destacan el dominio de la materia a negociar y la flexibilidad ante situaciones inesperadas de los gerentes locales. Como debilidades mencionan la improvisación y la falta de prolijidad en el cierre de los acuerdos. "A veces las partes no se atreven a 'abrochar' bien la negociación por temor a que el otro objete algún punto y quedan zonas oscuras que dan espacio a interpretaciones diferentes", explica Saieh. A juicio de Jaime García, director junto a Carlos Sanhueza del Programa de Negociación de la Adolfo Ibáñez, "un error común es centrar la mirada en el cierre e ignorar el proceso. Es en el proceso donde se gestan relaciones de confianza".En relación a negociadores de otros países, los chilenos son respetados. "Esto se debe a que en los últimos 20 años, Chile se ha incorporado exitosamente a los mercados internacionales y esto les ha dado un piso de legitimidad y solvencia a nuestros ejecutivos", dice Saieh

Ojos Bien cerrados

OPINIÓN Ojos bien cerrados
JAVIER NÚÑEZ
Departamento de Economía, U. de Chile
Hace algún tiempo, un connotado político se vio obligado a responder en vivo cuál era el precio de algunos bienes de primera necesidad. Visiblemente incómodo, sólo atinó a aventurar cifras para algunos de ellos. Al saber que erraba en varias veces los precios reales, optó por evadir el resto y controlar el daño ante las cámaras. Esta anécdota, celebrada por los medios, sugiere una imagen de nuestras élites viviendo en un mundo propio (de "Bilz y Pap"), desvinculado del Chile de las mayorías. Según un reciente estudio que he dirigido en la Universidad de Chile, este retrato de las élites posee un amplio respaldo empírico. El estudio establece que la mayor parte de quienes pertenecen al grupo más rico del país manifiestan ser de la "clase media". Más aún, este grupo sobreestima hasta en cuatro veces el verdadero ingreso de un hogar chileno de estrato medio: mientras la encuesta Casen indica que la mitad de los hogares de Chile vive con menos de $400.000 al mes, el 1 % más rico (y educado) del país cree, en promedio, que un hogar situado al centro de la distribución del ingreso percibe un ingreso mensual de $ 1 millón 700 mil. Así, la mayor parte de nuestra élite erróneamente denomina "estrato o clase media" a hogares que pertenecen al 10 % más rico del país. No resulta totalmente exagerado afirmar que los grupos de mayores ingresos y educación imaginan un Chile más cercano a un país desarrollado que al país en desarrollo que objetivamente somos, con todas nuestras profundas desigualdades y carencias sociales. Este imaginario errado es además transversal a distintos grupos de la élite, siendo similar entre quienes se desempeñan en el ámbito privado, empresarial, académico y público.Las consecuencias de este fenómeno son debatibles, y sólo aventuro algunas posibilidades. Primero, y considerando el rol que juegan las élites en los procesos sociales, las creencias erradas que éstas poseen levantan serias dudas respecto de su real capacidad para dimensionar, mas allá del discurso, la magnitud de la pobreza y la desigualdad, y otorgarles la prioridad que se merecen en la agenda pública. Segundo, existe el riesgo de estar en un mundo al revés, que distorsiona el foco de las políticas públicas: si los estratos altos se perciben (erróneamente) como sectores medios, se sienten legítimos beneficiarios del Estado, en circunstancias de que, por el contrario, es este grupo el que, bajo un sistema tributario progresivo, debe contribuir a financiar las políticas públicas destinadas a los sectores más desaventajados. Es extensa la lista de ejemplos de políticas públicas regresivas y mal focalizadas que han buscado beneficiar a la "clase media", pero han beneficiado a sectores relativamente aventajados de la sociedad, en desmedro de las grandes mayorías del país. Finalmente, es también una consecuencia posible que a menudo nuestras políticas públicas sean debatidas y diseñadas por las élites desde una "torre de marfil"a partir de premisas y preconcepciones distorsionadas, y sin una adecuada sintonía con el Chile mayoritario.Los posibles orígenes del sesgo de los estratos altos son múltiples. Una causa puede ser nuestra conocida segregación social, que hace que las élites se relacionen entre sí, y sin mayor vinculación con el resto de la sociedad. Otra causa puede ser la forma en que se informan nuestras élites. Esto abre la pregunta de cuánto del sesgo corresponde a una miopía de las élites al informarse, y cuánto es atribuible a los contenidos en los medios de comunicación. Como sea, y considerando que la segregación social es hasta cierto punto inevitable, el desafío radica en cómo hacer para que las élites abran los ojos, asuman su condición privilegiada y sintonicen con el Chile de las grandes mayorías.

Vivir en una burbuja

ESTUDIO. El estrato alto cree ser más pobre de lo que es en la práctica: Vivir en una burbuja
El 60% del grupo más rico de Chile se considera de clase media. Y estima que el sueldo de este último grupo es superior al millón de pesos mensuales, casi 3 veces más que la realidad.
Desubicados. Así se puede considerar a un porcentaje importante de los chilenos cuando se les pide situarse en la escala de ingresos del país. El Presidente Patricio Aylwin, recordó el director social del Hogar de Cristo, Benito Baranda, se consideró a sí mismo de clase media: "cuando por ingresos y estudios pertenecía a la clase alta. Aunque su visión es la que comparten muchos otros chilenos", dice Baranda. Más ubicado ha sido el Presidente Lagos, quien estimó que él y sus ministros son parte de la minoría que explica las diferencias sociales existentes en Chile. El Primer Mandatario gana $5.400.000 brutos al mes.Al economista de la Universidad de Chile Javier Núñez le llamó la atención que muchos de sus conocidos se consideraran de clase media, aunque en la práctica por su salario se situaban en el 10% más rico de la población e incluso en el 5% o más.Animado por la idea de que la gente estaba perdida respecto de cuál era su posición relativa en la escala de ingresos, decidió consultar lo mismo a un grupo más amplio de gente. En realidad, agregó tres preguntas a la encuesta de empleo que confecciona el Departamento de Economía de la U, interrogantes que se formularon a 3.000 individuos.Y lo que era una percepción entre su grupo cercano se transformó en una conclusión sólida: el 62,4% de aquellos que pertenecían -según la encuesta Casen- al 5% más rico de la población se autoclasificó como parte del estrato de ingresos medios. El 30,4% de ese mismo grupo estimó que era de ingresos "medio-altos" y hubo hasta un perdido 5,4% que consideró que sus rentas lo ubicaban en el segmento "medio-bajo". Y estos resultados se repitieron entre el 1% más rico de la población encuestada: el 30,8% dijo que pertenecía al ingreso "medio-alto" y el 46,2% dijo estar en un nivel de ingresos medios. Sólo el 23% de este grupo se clasificó como de ingresos altos.Para el experto, la evidencia muestra que hay un grupo importante de chilenos que está "anclado" a su realidad más inmediata. Que a partir de lo que ven todos los días, se imaginan cuál es su posición de ingresos relativos y que en la práctica consideran que hay mucha más gente rica sobre ellos de lo que en verdad arrojan las cifras."Inflación" de sueldosNúñez buscó confirmar los resultados tratando de limpiar del fenómeno el pudor. Esto es que, por vergüenza, un porcentaje de los encuestados se diga más pobre de lo que en verdad es. Por eso, también les preguntó ¿cuánto cree que son los ingresos mensuales en Chile del grupo bajo, del medio y del alto? En definitiva, cuánto creen que ganan los otros. El porcentaje de la población que está entre el 10 y el 5% más rico dijo, en promedio, que el ingreso mensual del estrato medio se situaba en 1.100.000; es decir, casi 3 veces más que el ingreso promedio efectivo que existe en Chile y que bordea los $400.000 mensuales. Incluso, el 1% más rico del país estima en promedio que el ingreso de un hogar de clase media bordea el 1.700.000."Si se toman estos resultados, hay un grupo de la población chilena que cree estar viviendo en un país como España o Portugal y no en Chile", acota Núñez. Para el experto, esta sobreestimación de lo que ganan los otros es un argumento adicional para considerar que se vive en una fantasía, en un verdadero mundo de Bilz y Pap.El académico quiso ir más allá. Trató de analizar cómo se autoclasifican grupos pertenecientes a "élites" que participen en la toma de decisiones en el sector público o que ostenten puestos relevantes en el sector privado, como por ejemplo profesionales: el 10% de las personas de ingresos más altos, todos los graduados universitarios, e incluso gente que trabaja en el sector público perteneciente al 10% de mayores ingresos se perciben a sí mismos como del "grupo medio" de ingresos. En una escala de uno a cinco, se catalogaron todos con valores cercanos al 3 (ver infografía). Y todos estos miembros de la élite sobrestimaron cuánto es lo que gana una familia de ingresos en Chile. Los más ubicados fueron, por suerte dice Núñez, quienes trabajan en el sector público. Estos últimos creen que el ingreso de una familia media en Chile es de 945.000, más del doble de lo que es en la realidad.A Benito Baranda, del Hogar de Cristo, las conclusiones del estudio de Núñez no lo sorprenden: "Revelan la poca conciencia que tenemos las personas de clase alta de que somos parte del 10% más rico de la población", advierte.Rodrigo Castro, investigador del Instituto Libertad y Desarrollo, explica que no existe una definición precisa de lo que es la clase media y "en general la mayor parte de la población de Chile se tiende a autopercibir como de clase media, incluso profesionales que pertenecen al 20% más rico de la población".Adimark ha estimado que este estrato podría alcanzar al 73% de la población nacional, con ingresos que van desde los $250.000 a $1.200.000 mensuales.Para el cientista político Patricio Navia, el que la mayor parte de la población se considere de clase media tiene elementos positivos. "En la medida en que seamos un país que valore y respete a ese grupo, tendremos más opciones para promover la igualdad de oportunidades".Pero para Navia hay otros aspectos que son "tremendamente" negativos: "Cuando la gente de más altos ingresos cree que ellos son del estrato medio, entonces sienten que el Estado debería ayudarlos a ellos también, en circunstancias de que ellos están entre los grupos de más altos ingresos, los que constituyen la base impositiva de un sistema que promueva la redistribución"."Es difícil hablar de redistribución de verdad, con mejoras en la calidad de educación y el acceso de los más pobres si los sectores acomodados tienen expectativas de que el Gobierno los tiene que ayudar a ellos, porque son, a su propio modo de ver, clase media", dice Navia."En múltiples ocasiones tenemos gente que dice que ellos son de clase media, pero siempre fueron a colegios privados o sus papás eran embajadores", alega Navia: "Pienso en Sebastián Piñera o en el Senador José Antonio Viera-Gallo, que hace poco los escuché decir que eran de clase media, ¡pero sus papás fueron embajadores! Los embajadores no son de clase media, esos sueldos no son de clase media", remarca Navia.El sociólogo Cristóbal Marín, de la Universidad Diego Portales, cree que en general los grupos altos y medios altos tienen una percepción distorsionada y muy poca información respecto de los ingresos reales del resto de la población. Esto podría incidir en una menor sensibilidad y disposición hacia políticas redistributivas."Las evidencias muestran que hay una percepción de bienestar general muy alta entre esos grupos, especialmente de expectativas futuras y en relación con el pasado de sus padres. Estos grupos además son testigos de un consumo y acceso a educación superior nuevo por parte de los grupos de menores ingresos. Todo ello contribuye a una cierta sobrestimación del poder adquisitivo y bienestar de los grupos de menores ingresos", dice Marín, y que es precisamente lo que muestra el estudio de Núñez.El investigador del instituto Libertad y Desarrollo Rodrigo Castro cree que todos los estratos sociales han cambiado la visión que tienen de ellos mismos. En parte, por el enorme acceso a bienes que han tenido todos los grupos. Eso habla de que el bienestar de la población, en general, ha mejorado y eso tiende a incidir en las percepciones de las demás personas.Ese mayor bienestar tal vez alimente la burbuja en la que viven algunas personas.